Hoy asistí al Quinto Encuentro Nacional de la Comunidad Académica del Marketing Directo e Interactivo, organizado por AMDIA. Un evento anual interesante, especialmente por el hecho de que me mostró, simultáneamente, las transformaciones que las TICs operan en dos ámbitos no necesariamente vinculados pero con aspectos en común: el marketing directo y la educación. Y es que aunque se hable mucho sobre la publicidad online y el periodismo online, la educación ha venido sufriendo (sí, sufriendo es la palabra) ciertos paulatinos cambios sobre los que vale la pena llamar la atención, porque nos llevan, lenta y casi imperceptiblemente, al e-learning.
La educación tradicional ha quedado obsoleta, porque no alcanza el ritmo cambiante y vertiginoso del mundo que pretende ayudarnos a interpretar. Padece la misma desventaja comparativa que padecen los libros frente al hipertexto, la Enciclopedia Británica frente a la Wikipedia. En una red mundial en la que la información puede viajar de un extremo al otro de manera instantánea, masiva y sin demasiado esfuerzo, la educación cara a cara aparece, a los ojos de un “nativo digital”, desusada, arcaica, prescindible y, por si fuera poco, aburrida.
¿Qué es la educación sino la transmisión de un mensaje? Las TICs han facilitado la transmisión y recepción de mensajes de tal forma, que es posible asistir a las clases de física cuántica que dicta un profesor hindú y, enterarnos, por ejemplo, del principio de incertidumbre de Heisenberg con sólo hacer click aquí. A esta misma clase (a la misma, idéntica), grabada tan sólo una vez, han asistido, al momento, más de 84.000 personas de distintas partes del mundo. Si a estas clases en video les adicionáramos una tutoría y tests online, ya tenemos lo que se conoce como e-learning.
Hoy no es raro que docente y alumnos se comuniquen vía mail o a través de un blog. El cambio casi se diría que ha pasado desapercibido, pero representa una transformación nada despreciable: los alumnos consultan al docente fuera del horario de clase, hecho completamente natural, ya que sus dudas surgen al momento de estudiar, o de realizar sus trabajos, pero según la educación tradicional deben esperar hasta la clase para plantearlas y obtener respuestas. Y si algo nos ha regalado la revolución digital es instantaneidad. Si algo nos ha enseñado, es que el momento es ahora, que no hay necesidad de esperar.
Si el mundo cambia rápido, hay que cambiar rápido con el mundo, porque de lo contrario corremos el riesgo de quedarnos afuera. Y la inteligencia es, ante todo, una capacidad adaptativa. Hoy en día las ofertas laborales en programación y otros rubros informáticos prescinden de requerir títulos, piden conocimientos. No son tontos. Saben que se está aprendiendo más rápido de lo que se enseña.